Compuesto por antiguas habitaciones de servicio agrupadas en 30 metros cuadrados —y 50 metros cuadrados en planta—, este pequeño departamento carecía no solo de coherencia, sino también de encanto, ya que su edificio, que data de 1900, tenía muy poco de eso. “Cuando empezamos un proyecto, nos gusta inspirarnos en los elementos existentes”, explican Alexandra Gérard y Alice Lefebvre, fundadoras de Atelier Opale. “Aquí no había nada interesante a lo que agarrarse, aparte de las vigas y las ventanas Velux. Así que nos basamos en estos dos componentes centrales”. Partiendo de una base neutra, y tras replantear en gran medida la distribución del pequeño departamento (que antes era un poco enrevesada), los interioristas crearon una “envoltura cremosa” muy suave con pintura calcárea, realzada por líneas decididamente gráficas en el mobiliario.
Un lugar de contrastes
“La idea era crear un contraste entre elementos muy gráficos, como la isla central que ocupa mucho espacio, o el cuarto de baño oculto tras un gran cubo de acero inoxidable, y una atmósfera envolvente alrededor”. Atelier Opale también cultivó esta sensación de calidez jugando con las texturas, desde la cal cálida de las paredes hasta la laca beige de los muebles y el plástico mate más rugoso. La propietaria, artista ella misma, quería crear un espacio inspirador que fuera “un poco rock, a su imagen y semejanza” (como muestran las fotos del cuarto de baño, donde posa en la bañera), pero también lo bastante funcional para dar cabida a sus actividades de diseño gráfico, collage y pintura; de ahí la inclusión de un pequeño escritorio y una gran superficie de trabajo, donde puede cocinar pero también crear.
El reto del almacenamiento
“El volumen era complejo de captar, así que quisimos que nuestra intervención fuera muy cuadrada y escultural para no amplificar la complejidad existente. Por ejemplo, las curvas no se prestaban en absoluto al espacio”. Para no añadir demasiados elementos al pequeño departamento minimalista y evitar la sobrecarga visual, se construyeron libreros a medida directamente en las paredes “para dar la impresión de que siempre habían formado parte del espacio”. Al mismo tiempo, se abordó el reto de optimizar el espacio de almacenamiento, siempre crucial en espacios pequeños. “Teníamos muchos recovecos en los techos inclinados, así que aprovechamos al máximo cada centímetro cuadrado”, explican los interioristas, que integraron un lavadero bajo la escalera y un cuarto de baño compacto pero de ultradiseño bajo el ático.
Un dormitorio como un capullo celestial
En el dormitorio, que da a la zona de estar, la delicadeza se abraza por completo: “Es un escaparate donde todo es muy cremoso, muy suave”: materiales mates, pintura del suelo, tocador… La idea era diseñar un pequeño capullo relajado, donde la cama es la pieza central, realzada por una plataforma. “Una cama en el suelo y una cortina para el vestidor” componen esencialmente esta habitación dedicada a la relajación y la ensoñación.
Juegos de luces y reflejos metálicos
A pesar de su ubicación bajo los tejados, el pequeño departamento goza de una luminosidad especial, proporcionada por cuatro ventanas Velux y dos claraboyas, todo un lujo para un pequeño departamento de 30 metros cuadrados, como señalan Alexandra Gérard y Alice Lefebvre. El uso del acero inoxidable, los espejos y las superficies reflectantes, como los azulejos de cerámica rojo granate del cuarto de baño —un guiño a una de las únicas características redentoras del edificio: sus encantadoras puertas de entrada rojas—, ocupa un lugar destacado. Se añadió un espejo como prolongación de la encimera, un truco inteligente para ampliar el espacio y darle aún más luminosidad. “Los espacios pequeños son muy bonitos”, se entusiasmaron los interioristas al final de la visita, encantados con esta acertada renovación; un placer compartido por todos los amantes del diseño y de los trucos creativos de optimización.
Atelier Opale: atelieropale.com | Instagram: @atelier.opale
Artículo publicado originalmente en AD Francia.









